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Parte de las ruinas en el paraje Mina Gonzalito -fot.2007-

CRÓNICAS DEL AYER

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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RELATOS DE “MINA GONZALITO”

Entrevista a Abel Aguilar

-Fijate –apuntó Abel- la cosa como cambia, antes a nadie le interesaba el cuidado del ecosistema. Allá, lo importante era la explotación de la materia prima, del plomo…, también del zinc y la plata y para extraer plata utilizaban cianuro, ahí mismo en la mina.

-nota especial-

 

Marta Eva Amado

info@cronistasao.com.ar

 

-mayo 24-

De chico, Abel Aguilar vivió junto a su familia en el paraje Mina Gonzalito, en la provincia de Río Negro, a unos 80 kilómetros al Sur de San Antonio Oeste yendo por Ruta 3 y después en dirección Oeste por lo menos otros 40 ahondando el territorio.

Allí, cerca del 50 se instaló la empresa Geotécnica que extraía principalmente plomo y otros metales como plata y zinc. El campamento llegó a tener unas 600 personas y cuando quebró en el 85 el lugar quedó en total abandono -hasta no hace mucho vivía una persona que según cuentan falleció en fecha reciente-.

Antes de terminar la primaria, Abel se fue a Buenos Aires y completó los estudios hasta los universitarios en la especialidad de la kinesiología. Para las vacaciones regresaba a Mina Gonzalito. En Capital Federal trabajó un tiempo en ALPI en la parte de rehabilitación y más tarde se instaló y formó su familia en San Antonio Oeste.

Abel tiene 60 años y una figura armoniosa. Ha dicho que siempre puso especial cuidado en la alimentación y la actividad física. Y de aquellos años agrestes hoy posee una inestimable cosecha de vivencias. Así lo demostraron las charlas que tuvimos en varias ocasiones.

-Acá te traje unas fotos de Mina Gonzalito cuando pasé en 2007 para una suelta de cóndores en Sierra Pailemán, dije.

-Tenés que haber llegado primero al guardaganado que hay una loma, -contestó resuelto- mientras no perdía detalles del ruinoso y desolado paisaje.

Después marcó en una de ellas con un lápiz un bosquejo de croquis-. Ahí tenés –dijo- un alambre y está el camino hacia la izquierda que va a Los Berros y este que sigue derechito, va a la mina donde están los piques y después a Pailemán. Y esa ruta, como quien dice separaba el famoso barrio de los obreros en U más otro donde vivía la gente de ahí, del barrio de los jerárquicos que estaba a la derecha y también se encontraban las oficinas.

-Mirá, esta casita no está tan deteriorada, dije.

-Era la escuela 157 y acá donde están estos escombros era donde se reunían los obreros, la parte de ellos, era un salón enorme, que le decían la gamela. Tenía mesas grandes y bancos largos de madera y las fiestas se hacían ahí, despejaban el lugar y bailaban, acá en la U, en el barrio de los obreros.

Recordó Abel que por el 65 nevaba muchísimo y que al tener el lugar la típica fauna de la Patagonia se veían en los campos guanacos, avestruces, zorros, martinetas, perdices y peludos en abundancia.

-Fijate –apuntó- la cosa como cambia, antes a nadie le interesaba el cuidado del ecosistema. Allá, lo importante era la explotación de la materia prima, del plomo, como principal producto, también el zinc y la plata y para extraer plata utilizaban cianuro, ahí mismo en la mina.

-¿Y después cómo quedó eso?

-Hay una chimenea como de 40 metros de profundidad, eso entró todo en esa zanja. Tirás ahí y tirás toda la tierra que sacaron para hacer la chimenea. Los pozos están con agua, pero insalubre, está todo inundado.

Mientras funcionó geotécnica a San Antonio Oeste le convino. Contó Abel que la empresa compraba los alimentos en ese lugar para la cooperativa propia y también buscaba otros materiales que venían de Buenos Aires.

“Endeudaban a los empleados a cuenta en la cooperativa y después le descontaban y les terminaban dando unos pesos. Yo veo La Patagonia Rebelde y relaciono ahí con ese tipo de vida”, reconoció Abel y hasta de su voz y de sus gestos se entrevió la tristeza.

-¿Qué recordás por el 65?

-Por ejemplo, el agua se enfriaba en un aljibe. Se ponía en una botella de las de aceite de antes, se envolvía en una arpillera y de ahí iba al aljibe. El agua se mantenía fresca y se sacaba la botellita que colgaba de una piola, eso tomábamos para almorzar y era fresca.

El campamento no disponía de agua para ningún consumo. La traían de una vertiente de Sierra Pailemán en camiones cisternas. “En el barrio de los obreros habían hecho un aljibe impresionante, descargaban el acoplado ahí, algunas casas tenían tanques de 200 litros y también para almacenar utilizaban los de gasoil y además había un pileta australiana que bombeaba dos veces por día para la mina”, recordó Abel.

“Tampoco había un tipo que tuviera radio, -dijo- mi papá era el único, también el que tuvo lavarropas y de las dos primeras heladeras una fue la él y la otra del médico de la empresa.

El papá se encargaba de comprar lo necesario. Hasta las máquinas, completaba el stock que debía tener Geotécnica.

-¿Cómo llegó a la Argentina?

-A papá lo trajo un ingeniero en minas. La empresa empezó a funcionar con gente boliviana y un amigo de él lo trae, porque papá era especialista en stock y ese trabajo no lo hacía cualquiera. Al principio vino solo y después llegó la familia.

Por las actividades recreativas que proponía la cooperadora de la escuela, la vida social en el campamento llegó a ser estimulante. Había más de cien mineros y entre los empleados del taller, administrativos y familias en general se registró por lo menos unos 600 habitantes. Para la celebración de las fiestas patrias llegaba gente de San Antonio, de Sierra Pailemán y de Los Berros y se llamaban enramadas.

-Parece que Geotécnica fue importante para la zona, dije.

-Si, como fábrica, como empresa –respondió suelto Abel- de ahí vivía San Antonio y los pueblos aledaños. Y el hecho de que tuviera médico, la gente de Pailemán, de Los Berros, de Sierra de la Ventana, toda la gente se hacía ver ahí. Además tenía el club más famoso de la época y como llegaba una numerosa muchachada Geotécnica formaba una selección que era imbatible.

“A sangre y fuego era con los clubes de San Antonio y de Valcheta, recordó Abel y la cara toda se iluminó de risa- generalmente fútbol, se hacían triangulares y a la noche se hacía el bailongo. Usaban la vitrola que se le daba cuerda con los discos de 78. Pasaban dos o tres discos y ya había que cambiar la púa.

-¿Y en invierno cómo la pasaban?

-Se sentía mucho frío. La empresa no daba camperas. Y los mineros solían ponerse pasamontañas con gorras de cuero y orejeras de lana para que no les salieran sarpullidos, o dolieran las orejas. Te conté que nevaba y el viento era de lo más cargoso. Cuando soplaba el huracanado había que meterse en la casa y recién salir a la noche.

-Se hizo una película sobre Geotécnica.

-Sí, pero nada que ver –dijo Abel y arrugó con fuerza el entrecejo-. No marcó el espíritu de haber vivido allí, no sé que quisieron hacer. Al último empezó el vandalismo, hubo un tipo que se quedó, sacó todo y vendió todo, lo que contaban ellos. Cuando estaba solo desarmaba, juntaba ladrillos, sacaba las aberturas y después las vendía. No sé qué pasó con las grandes usinas que había ahí, si no tenés un camión grande no las podés levantar, no sé qué pasó con eso.



 

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